SU EXITOSA TRAYECTORIA

 

 

 

 

Originario de Baviácora, Sonora (México), un pequeño pueblo de la región serrana, Jesús Gonzalo Navarro Soto termina la carrera de Medicina en la Universidad Autónoma de Guadalajara en 1977, realizó su servicio social en Mazatlán y estuvo como médico de tiempo completo en enfermedades del aparato respiratorio en el hospital de dicha universidad. A pesar de realizar una labor satisfactoria no se sentía totalmente satisfecho, su falta de identificación con la medicina alopática lo hacía sentirse cada vez más frustrado, así es como emprende un viaje a San Diego, California en el año 1981 a estudiar una especialidad en Salud Pública con la esperanza de que esto llenara ese vacío, sin siquiera imaginar lo que la vida le tendría preparado. Estando en Estados Unidos logro vivir experiencias que lo llevaron a redescubrir su vocación tras percatarse que la base de la medicina biológica o alternativa es la nutrición, en contraposición con la medicina alópata que hace mucho hincapié en fármacos, cirugías y otros procedimientos.

Navarro señala que su primer gran hallazgo fue darse cuenta que el ajuste al estilo de vida es fundamental para influir en el proceso de curación de cualquier enfermedad. Consciente de lo anterior, decidió dejar la Maestría en Salud Pública y entregarse en cuerpo y alma a la medicina biológica, camino en el que lleva poco más de 30 años y que le ha dado muchas satisfacciones al ayudar a cientos de personas a recuperarse de distintos padecimientos.

En 1981 estando en San Diego, Navarro inicia su formación en medicina alternativa con dos grandes médicos, el doctor Bernard Jensen, padre de la iridiología, y con el doctor Paavo Airola, especialista en nutrición, médico naturista, educador y autor de libros de gran éxito. Esos dos encuentros lo marcaron y a partir de ese momento, Navarro intuía que su vida daría un giro importante.

Con el doctor Jensen, principalmente, aprendió que la base de una buena salud es limpiar y desintoxicar el cuerpo, especialmente a través de la limpieza del intestino y una buena nutrición. En el 83 y 84 tomó cursos de acupuntura, nutrición e hipnosis en Los Ángeles, California y en la Ciudad de México.

En su búsqueda de mayor conocimiento y nuevas técnicas viajó en el año 1986 a España, y fue precisamente en este país, cuando Navarro sintió, según él mismo cuenta, que “se le abrió el mundo” tras conocer a otro gran maestro, el doctor José Luis Padilla, a quien reconoce como uno de los grandes referentes de la acupuntura moderna a nivel mundial, fundador y coordinador de las Escuelas NEIJING en diversos países. Durante su estancia en España escuchó por vez primera sobre la Mora-terapia, el enfoque de la medicina alemana naturista que une la tradición médica china con la tecnología, este acercamiento significó otro gran salto a su carrera.

En Madrid tuvo el primer contacto con la medicina alemana, “se me abren otros caminos”, expresa de ese crucial episodio de su vida. Al mismo tiempo hizo contacto con uno de los fundadores de la terapia neural, el doctor Peter Dosch.

Sabía que los principios de la Mora-terapia harían la diferencia en su práctica médica, así que decide conocer más sobre ella y viaja a Canadá a tomar otros cursos. En el año 1991 estando en ese país, tiene un nuevo despertar dentro de la medicina biológica tras estudiar en el Occidental Institute Research Foundation, donde profundiza sobre la Mora-terapia, que le maravilla.

En 1994 Navarro se convierte en pionero de la Mora-terapia en América Latina al adquirir los equipos y tratar a sus pacientes con esta técnica. Esto le da un giro a su práctica médica ya que el equipo permite hacer un diagnóstico integral en corto tiempo, identificando qué órganos o aéreas del cuerpo están en desbalance, logrando hacer una regulación energética del cuerpo y mostrando una información objetiva del estado de salud del paciente.

Todo esto lo realiza con la información energética del paciente y algún fluido corporal (sangre, saliva y orina),  logrando realizar de este proceso un medicamento (autovacuna). Lo más importante, subraya Navarro, es que se trata de una terapia sin daños, cumpliéndose así un principio básico de la medicina biológica: no dañar. Tratar de corregir el trastorno de raíz, de una manera natural y no agresiva.

A lo largo de todos estos años, Navarro se ha convertido en un buscador incansable de nuevos conocimientos y nuevas tecnologías. En esta apasionada búsqueda por cumplir su sueño, ha realizado viajes a 6 países: Estados Unidos, Canadá, España, Francia, Inglaterra y Alemania, buscando las últimas innovaciones tecnológicas para hacer una terapia integral, biológica, de vanguardia, no agresiva, con buenos resultados y sobre todo buscando uno de sus objetivos más importantes que es sanar sin dañar el cuerpo. En esos países tomó cursos de homeopatía, auriculoterapia con maestros franceses, terapia neural, flores de bach, quelación, terapia de ozono y otras tecnologías como: quantum scio, radiónica mars,  kinesiología, etc.

Navarro se ha centrado en una medicina que corrija la causa del problema, dando importancia en el reconocimiento de que el cuerpo es una maravilla por su capacidad de curarse a sí mismo. Para lograrlo, desde su Clínica de Terapias Biológicas en Hermosillo, Sonora, México; Navarro aplica más de 15 terapias, mismas que hacen un efecto sinérgico. Apoyado en estas terapias trabaja con sus pacientes echando andar los mecanismos básicos de ajuste del propio cuerpo, y una vez que se hayan restablecido las funciones del cuerpo, concientiza a la persona a mejorar su estilo de vida y tener un buen manejo de sus emociones.

Desde

1977

Jesús Gonzalo Navarro Soto

Sanar sin dañar ...

Médico General

En estas tres décadas de intensiva y exitosa práctica médica, su misión ha sido precisamente hacer posible una medicina más humana, haciendo hincapié en la importancia de la nutrición, en la conexión mente-cuerpo y concientizando sobre los problemas que acarrea el uso indiscriminado del azúcar y el abuso de los fármacos, “ese afán de querer arreglarlo todo sin tomar en cuenta lo emocional y sin ver al paciente bajo una perspectiva integral”, subraya.

“Hay que ver al paciente, no la enfermedad”, parecería ser el lema de Navarro, a lo que agrega: “Cada paciente es diferente, cada persona es un camino”. Y el camino de Navarro ha sido precisamente abrazar esto desde el fondo de su corazón, vivir día a día con pasión y congruencia. Lo que lo ha llevado a construir una práctica médica humana e integral, y conquistar, a base de esfuerzo y dedicación, reconocimiento y éxito profesional, convirtiéndolo en una referencia obligada, a nivel nacional e internacional, en el campo de la medicina biológica.

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